jueves, 7 de diciembre de 2006

La sombra del caudillo

Lo que pudo haber sido.
Una de las películas que causó mucho interés hace ya algunos años fue La ley de Herodes, su intento de censura por parte del gobierno de Ernesto Zedillo fue la nota en todo el país, a raíz de eso la película fue uno de los pocos éxitos taquilleros de aquellos años, muchos íbamos a ver la película al cine por la sola razón de la censura, claro que la película es de una calidad innegable, pero ¿qué hubiese sido de ella si la misma no hubiese sido censurada?, o peor aun, si la película además de censurada, nadie hubiese promovido la proyección y presionar al gobierno para que fuera mostrada comercialmente. Hay una película que estuvo en esta situación y que por lo cual pasó desapercibida en toda la década de los años sesenta y que muy probablemente hubiera llegado a ser la mejor película de esa década. Me refiero por supuesto a La sombra del caudillo.
Basada en la novela de Martín Luis Guzmán, el director Julio Bracho se aventuró a filmar esta polémica cinta, que narra los hechos del México pos-revolucionario, dónde los nombres aunque ficticios son claramente reconocidos, pues la película señala como inicio la fecha de mil novecientos veinte, y los nombres de los personajes son más que evidentes; el caudillo en la película representa a Álvaro Obregón quien gobernó de mil novecientos veinte, al veinticuatro; el general Jiménez es Plutarco Elías Calles, sucesor de Obregón; el general Aguirre es una mezcla de Adolfo de la Huerta y del general Francisco Serrano el cuál, fue asesinado junto con sus partidarios en 1927.
Julio Bracho no encontró problema alguno para filmar la película, pues las locaciones que utilizó fue la cámara de diputados, hoy cámara de representantes del DF y el Castillo de Chapultepec, en esta apertura, nadie imaginaría lo que después pasó, sucede que: antes de estrenarse la película fue enviada a un festival de cine de nombre Karlovy-Vary en Checoslovaquia, donde su realizador recibe el premio a mejor dirección y Tito Junco el de mejor actuación masculina, con esta atenuante, se planeaba un estreno impresionante y espectacular.
Es aquí donde hago un alto a los hechos y comienzo con las leyendas. Pues todo se torna oscuro y extraño a partir de este punto. Cuenta la leyenda que, a veinticuatro horas del estreno, un grupo de militares prohibieron su estreno, por la mala imagen que daba de México y la Revolución ésta película. Inexplicablemente la película a un día de su estreno, sí escuchó usted bien, a un día de su estreno, la película nunca se estrenó y los negativos originales inexplicablemente fueron desaparecidos, esto para no sacar más copias.
Julio Bracho, director de grandes películas del cine de la época de oro entre las que destacan ¡Ay que tiempos, señor don Simón! (1941), Historia de un gran amor (1942), pero es con La sombra del caudillo, la obra más lograda y madura del director, nunca se pudo reponer de este golpe, a pesar que se hicieron gestiones en los subsecuentes sexenios para que la obra se mostrase o apareciera al menos.
No fue sino hasta mil novecientos noventa, que en la Cineteca Nacional se hizo el estreno de La sombra del caudillo, en una copia muy mala y afectada por los años en 16mm, ni siquiera en su formato original que fue en 35mm, la película fue mostrada una semana solamente cuando Julio Bracho había dejado de existir 12 años antes.
En el año dos mil salió una versión en dvd, de ésta obra con una presentación de Martín Luis Guzmán, hablando de la película.
Hay obras que gracias a la censura, ganan mucho dinero y a sus actores y director le dan un prestigio inusitado. Hay otras, no perdón, hay una película que gracias a la censura hizo que México estuviera detenido muchos años más, tal vez si la sombra del caudillo, no hubiera sido censurada, el cine que se hizo en la década de los años sesenta no hubiera sido tan pobre, o tal vez y sólo tal vez, México no hubiera pasado por una década bañada en sangre y nuestra historia no sería otra.
El poder del cine en la gente es muy poderoso y para quién lo dude en el pentágono de EU, la única oficina que está adjunta es la cinematográfica. Con la Sombra del caudillo no hubiera pasado ese cambio, de eso estoy seguro, pero lo que sí, es que la reacción en cadena que el cine emana persé es inimaginable.
Ivan Juárez
junio 2006

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